Sobre los conciertos:

¿CÓMO VIVIRLOS MÁS ALLÁ DE
SIMPLEMENTE ESCUCHARLOS?

Por: Alejandra Yepes

¿Alguna vez has escuchado que no se debe aplaudir entre movimientos en un concierto de música clásica? ¿Te ha parecido que el silencio del público es tanto que cualquier tos se escucha estruendosa? Hace doscientos años se consolidaron estas y otras reglas de comportamiento que el público debía seguir en estos conciertos, reglas que obedecemos todavía sin saber muy bien por qué. Pero con el surgimiento de los conciertos pedagógicos y de las metodologías participativas en el arte, hemos comenzado a acercarnos a la música clásica de otras maneras más relevantes a nuestra actualidad. Sigue leyendo para conocer algunas posibilidades alternativas para la experiencia musical en concierto.

Los conciertos de música académica, artística, de tradición escrita, o más comúnmente denominada “clásica”, se institucionalizaron como los conocemos entre finales del siglo XVIII e inicios del XX. Quiere decir que hasta hace apenas un par de siglos, la música de este tipo no era interpretada en establecimientos construidos para ese fin específico, con un público que asistiera expresamente a escuchar la música en silencio, ni con la herramienta de un programa de mano que explicara más o menos una interpretación del repertorio, suficiente apenas para esa ocasión.

Esta institucionalización trajo consigo una etiqueta particular. Las normas de comportamiento propias de cada rol en este tipo de evento continúan aceptándose como convencionales, siendo apenas recientemente cuestionadas. Dentro de estas pautas podemos encontrar ejemplos diversos: el código de vestuario de los intérpretes, las indicaciones para el público de cuándo aplaudir y cuándo no, las consideraciones sobre cómo y cuándo se puede ingresar a la sala o al escenario… en fin, mil elementos que funcionan como índices de la experiencia del concierto de música clásica.

Ilustración 1. Sala de música de Canterbury, c. 1856. (Historic UK)

Por supuesto, si analizáramos un concierto de rock o de jazz, encontraríamos también unos códigos de conducta particulares asociados a ellos. Sin embargo, algunos científicos y científicas sociales como Veerle Spronck y Christopher Small han observado que esas características específicas de otras prácticas musicales contribuyen a una experiencia más participativa para el público. Esta noción de participación redunda en que el concierto sea más memorable, pero también en que se desdibujen barreras entre los intérpretes como poseedores únicos del conocimiento artístico, y el público como espectador pasivo.

Y es que en el siglo XIX, la apreciación y el consumo de la música se asemejaron al máximo a las de las artes plásticas. La sala de conciertos comenzó a considerarse como un museo, donde la música ya no acompañaba una experiencia de conversación, comida y baile; sino que se imponía como una obra de arte creada por una personalidad genial, que debía ser experimentada de manera introspectiva y en silencio. Este es el modelo que heredamos y mantenemos hasta nuestros días.

Pero desde hace algunos años, y más pronunciadamente después de la pandemia de COVID-19, ha tomado fuerza una tendencia a renovar las dinámicas de interacción con el público en los conciertos de música clásica. Actividades que parecían confinadas a los conciertos dedicados al público infantil se han incorporado al repertorio de estrategias que podemos utilizar para llevar la experiencia de escuchar música en vivo a otro nivel.

Ilustración 2. Sala de Música de Cámara del Philharmonie de Berlín, inaugurada en 2003. (Orquesta Filarmónica de Berlín)

El auge de los llamados conciertos pedagógicos o didácticos fue facilitado por el director y compositor Leonard Bernstein, quien dirigió y narró 53 episodios de los Young People’s Concerts con la Orquesta Filarmónica de Nueva York. Aunque estos conciertos se llevaban a cabo desde más de 50 años antes, con Bernstein adquirieron una gran relevancia porque comenzaron a ser televisados en la cadena . Cada uno de estos conciertos estaba guiado por un tema o concepto particular (sinfonía, orquestación, humor, un compositor determinado, etc.). Incluían interpretaciones de obras escogidas para ilustrar el tema, así como explicaciones verbales por parte del propio Bernstein.

Ilustración 3. Afiche promocional de la temporada 1981-1982 de los Young People’s Concerts. (Orquesta Filarmónica de Nueva York)

Este modelo de concierto pedagógico fue adoptado por numerosas orquestas en los Estados Unidos, y ampliamente difundido por todo el mundo. Sin embargo, hasta hace algunos años se mantuvo la tendencia a reservarlo para los públicos infantiles y los contextos educativos. Lo que ha comenzado a cuestionarse de estas prácticas es la renuencia que existe entre ciertos públicos adultos a incorporar esta aproximación experiencial a los conciertos de música clásica, independientemente de los conocimientos musicales previos que pueda tener.

Hablamos de aproximaciones experienciales de la música cuando, además de escucharla, se le ofrece al público la posibilidad de interactuar con ella de alguna manera. Las presentaciones de conciertos que incluyan actividades relacionadas con el tacto, el movimiento corporal, elementos visuales e interpelaciones verbales, entran en esta categoría. Entre otros valiosos ejemplos en la ciudad, encontramos los conciertos del Circuito Clásico de Bogotá en Compensar.

Este modelo, por supuesto, tiene también sus detractores dentro de la comunidad de amantes de la música clásica. Después de todo, la noción del concierto en una sala enorme donde todos los asistentes se visten de punta en blanco y se expresan únicamente con aplausos tiene su valor estético, un encanto propio del romántico tiempo pasado. Sin embargo, las alternativas pedagógicas en los conciertos nos permiten pensar una manera fresca e innovadora de contribuir al propósito común a toda la música: alcanzar y dejar una huella en las vidas de las personas.

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